Todos tenían derecho a ser punkis
En una ciudad como esa,
Todos tenían derecho a ser punkis.
Cada tanto, la ciudad se dirigía a sí misma,
Se traicionaba impostergablemente
Y había que esperarla,
Pacientemente.
La lluvia, una vez más,
Recorriéndonos de lado a lado,
Asomándose entre las ventanas
Y que esa puta imagen lo resolviera todo.
Tras la mañana,
Todos tenían derecho a ser punkis,
Cagados de frío,
De un lado a otro.
Y dale otro cigarro.
Acá todos tenían derecho a ser punkis.
Todos tan asqueados,
Como adolescentes de moda,
Figuras que se repetían ciertamente,
Fila a fila,
Minuto a minuto, en las acequias
Refregándose,
Mordiéndose,
Enfermos de tanta risa y cerveza.
Sodomizados de sí mismos,
Todos tenían derecho a ser punkis.
Viejos, andando de un lado a otro,
Como si arrastrar los años ya no fuera un disparo,
Como si la adolescencia hubiese sido ayer,
Para cada uno, un paso al lado.
Repitiéndose el ciclo
Un eterno remolino de distracciones,
Un ir y venir mirándose todos como en espejos.
Todos tenían derecho a ser punkis,
Como secretando su locura lado a lado
Miradas y miradas, certeras, mojadas,
Caminando, hacia algún sitio,
Así
Todos tenían derecho a ser punkis.
Desde las micros y sus recorridos,
Se podía ver a los insectos deambular,
Rotos, subiendo las calles,
Insectos de negro, repetidos
Figuras sin ningún color.
El aullido, el odio.
– 12/04/11